De viaje al Parque Nacional Volcán Poás (31 de marzo 2021)


Mónica Álvarez Chavarría - Salimos bien temprano desde el centro de San José para aprovechar la mañana y nos enrumbamos hacia la provincia de Alajuela, en donde se encuentra esta atracción natural: el Parque Nacional Volcán Poás. Cabe mencionar que hay que reservar previamente la entrada en línea para asegurar su espacio como parte de las nuevas medidas aplicadas debido al Covid-19. 

Durante el camino se pueden apreciar paisajes hermosos entre campos y montañas.


Antes de seguir nuestro viaje, realizamos una parada obligatoria en Freddo Fresas, un restaurante familiar en Poasito de Alajuela, el cual sirven unos desayunos deliciosos. En este caso pedimos un gallo pinto con huevos, queso fresco, maduros, pan y natilla de la zona y una rica taza de café. El lugar es bastante amplio, su decoración es hermosa, con un ambiente rústico y acogedor.


Al momento de llegar al Parque Nacional Volcán Poás todo fue muy eficiente, nos presentamos en la entrada con el código de reservación y pudimos ingresar sin ningún problema. Al llegar nos colocamos cascos de protección que debe de portar cada persona que ingresa al mirador (cada grupo que ingresa de acuerdo a una hora específica lleva un color de casco diferente para poder identificarlos, ya que solo podemos estar un tiempo determinado observando el cráter) luego nos pasaron a un auditorio para darnos información sobre las medidas generales de seguridad que se deben cumplir durante la visita. 


Ese día el clima estaba muy frío, con neblina y una pequeña llovizna.

Comenzó a llover más mientras salíamos rumbo al mirador, único lugar accesible a los visitantes ya que los senderos permanecen cerrados. Llegamos al cráter, estaba nublado y hacía bastante viento. Aunque no pudimos admirar el cráter por la neblina, sólo la satisfacción de estar en ese lugar, admirar la vegetación propia del bosque nuboso, sentir el viento y la lluvia rozando la cara, valió la pena. 


El sitio es muy seguro ya que se construyeron varios refugios para que las personas se resguarden en caso de una eventual emergencia.

Según el Instituto Costarricense de Turismo se consiguieron sensores de medición de gases como medida preventiva para la seguridad de los visitantes. Pudimos admirar que las gradas para ascender al mirador del cráter presentaban corrosión debido a los gases del volcán y la lluvia ácida.

Es importante destacar que el cráter principal es uno de los más grandes del mundo, lo que lo hace un sitio ideal para el turismo, tanto nacional como internacional. 


De vuelta al edificio principal, nos topamos en el camino con una hermosa pava negra (Chamaepetes unicolor) que posó para la foto en medio de la lluvia. 


Llegamos al punto de inicio en donde entregamos los cascos de seguridad y entramos a la Tienda de Souvenirs y a la cafetería del lugar (Flor de Fuego) para refugiarnos del frío y degustar un delicioso chocolate caliente con galletas caseras que nos devolvieron el calor al cuerpo.



Nos quedamos un rato admirando la lluvia que caía entre los árboles y pegaba en las ventanas, que por cierto tienen stickers especiales para evitar la colisión de aves contra el vidrio.


Charlamos un rato y admiramos la decoración de la cafetería, con algunos libros de Costa Rica y fotografías del Volcán Poás mientras entrábamos en calor y bajaba la lluvia para poder iniciar el camino de salida del Parque.

Y llegó la hora de dejar este hermoso lugar, con la espera de volver una vez más para admirar el cráter, ¡la próxima vez sin neblina!